miércoles, 9 de noviembre de 2016

El canibalismo entre insectos mejora los genes y el rendimiento

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Como resultado de una investigación de la Universidad de Almería, en colaboración con la Universidad de Budapest y la Szent István de Gödöllo, en Hungría, se ha observado que el canibalismo puede mejorar la capacidad depredadora de una de las especies de chinches más utilizadas en el control biológico de plagas en cultivos de tomates y pimientos.

En el artículo publicado en la revista Ecological Modelling, los expertos ponen de manifiesto que es mucho más efectiva la introducción de los depredadores en el cultivo antes de que la plaga lo infeste. De esta forma, al no tener el alimento natural necesario para la subsistencia, buscan nuevas vías, como el utilizar a sus semejantes como fuente de alimento. De esta manera, los individuos mejor adaptados para sobrevivir serán los que trasmitan sus genes a las generaciones posteriores, desapareciendo los que no desarrollan las aptitudes necesarias para un ambiente hostil. El estudio demuestra que el control biológico a través de la liberación más temprana de los insectos Nabis pseudoferus (Hemiptera: Nabidae), consigue la estabilidad en el crecimiento de la población de los depredadores y provoca el canibalismo para favorecer su desarrollo genético.

En este proyecto, han ido más allá del estudio de la efectividad de distintas especies utilizadas en cultivos y han calculado cómo mejorar la genética a través de la selección natural para que sean más eficaces al controlar las plagas. Las simulaciones se han practicado en el laboratorio con plantas de tomates y pimientos a través de ecuaciones matemáticas que desarrollan la relación entre el depredador y la presa y estudian la respuesta funcional y la capacidad de lucha en los individuos caníbales y los no caníbales. Nabis pseudoferus tiene una capacidad de acción de entre 60 y 90 días y ha conseguido hasta un 99,4% de erradicación de la polilla del tomate (Tuta absoluta), una de las plagas más agresivas en estos cultivos.

Tras el estudio se observó que la capacidad reproductiva de machos y hembras crecía cuando los sujetos adultos habían practicado el canibalismo, especialmente, si esto se había dado en miembros de la propia familia. La resistencia y la longevidad de los individuos supervivientes también aumentó con respecto a los que no habían introducido en su dieta a parientes.

“Cuando a una especie le falta el sustento mínimo acude en busca de alimento a toda costa. Los insectos empiezan a comerse entre sí. De esta manera, los que sobreviven son solo los más fuertes y los menos aptos desaparecen, al mismo tiempo que los genes más débiles. Éstos serán los que actúen cuando la plaga aparezca y serán mucho más eficaces contra ella”, dice Manuel Gámez, uno de los investigadores del estudio.

En estudios posteriores a este trabajo, se pretende analizar cómo beneficia el canibalismo a estos depredadores desde una perspectiva química. Es decir, qué sustancias se modifican o aparecen en el organismo con respecto a los individuos no caníbales.

Fuentes:
- Fundación Descubre
- Garay, J., Varga, Z., Gámez, M. y Tomás Cabello. 2016. Sib cannibalism can be adaptive for kin. Ecological Modelling. http://dx.doi.org/10.1016/j.ecolmodel.2016.05.001

jueves, 27 de octubre de 2016

Stenolemus giraffa, una chinche asesina de arañas

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Seguro conoces a las arañas por ser depredadoras por naturaleza y excelencia; ya sea persiguiendo a sus presas, tendiendo trampas en el suelo, o emboscándolas según sea la especie. Pero su estrategia más refinada es sin duda la de tejer una telaraña, una red ultrasensible a las vibraciones que recopila información sobre el entorno y que es capaz de capturar y delatar a las presas que se adhieren a ella por accidente, es gracias a esta gran eficacia y peligro latente que la mayoría de artrópodos tienden a intentar evadirlas.

Sin embargo siempre existen excepciones en la naturaleza, hay una criatura capaz de cazarlas incluso en sus propios dominios. Se trata de Stenolemus giraffa (Hemiptera: Reduviidae: Emesinae), en un insecto de la familia de las chinches asesinas, capaz de aprovechar las vibraciones del viento para infiltrarse en la tela de las arañas y de usar sus patas para apartar poco a poco los finos hilos de las telas. Fernando G. Soley (autor del estudio) realizó algunas observaciones en los resquicios de las rocas escarpadas de Australia, donde colectó los individuos. Posteriormente replicó las condiciones en el laboratorio en un ambiente controlado y con telarañas artificiales. En su publicación en Royal Society Open Science, explica como la utilización de vibrometría láser permitió descubrir que las vibraciones de estos insectos asesinos son imposibles de detectar.

“Para la araña, este bicho debe de ser como el coco, porque ataca mientras tú no te das cuenta, es escalofriante”, mencionó F. Soley. Estas criaturas, pertenecen a la familia Reduviidae, chinches especializadas en cazar a otros insectos, frecuentemente tendiéndoles una emboscada, para posteriormente perforar y succionar el interior del cuerpo de sus víctimas con su aparato bucal.

Fuentes:
- abc.es
- Soley, F.G. 2016. Fine-scale analysis of an assassin bug’s behaviour: predatory strategies to bypass the sensory systems of prey. R. Soc. open sci.3: 160573. http://dx.doi.org/10.1098/rsos.160573
- Soley, F.G., Jackson, R.R. & P.W Taylor. 2011. Biology of Stenolemus giraffa (Hemiptera: Reduviidae), a web invading, araneophagic assassin bug from Australia, NewZealand Journal of Zoology, 38:4, 297-316. http://dx.doi.org/10.1080/03014223.2011.604092

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